Sus manos se deslizaban en las teclas blancas cual si fuera su alma, hermosa música ella tocaba. Ella y sus dedos largos y finitos. Siempre tenía olor a chocolate. Era flaquita a pesar de que comía mucho cacaco. Llevaba unos 10 años muy lúcidos en su bolsillo. Sus ojos grandes y negros y esa boca chiquita. Ese pelo enrulado y brilloso...La hacía parecer la belleza en persona.
Se la llevaron, la secuestraron...le querían usar su cuerpo para ganarse la vida. Ganarse la vida era algo que no entraba en el vocabulario de aquella bonita nena. Vivía en un mar de comodidades y estímulos...
Cuando todo parecía perdido...la complejidad humana rompió los esquemas una vez más.
Ella siempre fue amada...había sido una bebé deseada por esos jóvenes talentosos y de buenos recursos. Cuando la secuestraron...no dejó de ser amada. Pero de otra forma. De ser amada como a cualquier mujer desarrollada le hubiera gustado, pero a ella no. El delincuente mayor de la banda-luego de la raptada- decidió llevarla a su habitación. Sin exigirle desvestirse, vio en aquella angelical niña: su media naranja.
Le dijo al oído: "A vos no te violo, no te peocupes." La niña sufría con sus ojos desorbitados y su respiración acelerada. "El zorro" no dejaba de mirarla. Detrás se escuchaba el murmullo grave de sus colegas...quienes querían continuar con la estafa.
"No!!! esta vez no puedo!!! me retiro!!! prefiero que me lleven preso a lastimar a Lucrecia."
"El zorro" mismo la llevó de vuelta sana y salva. Se entregó a la policía...el amor a aquella niña le hizo sentir remordimiento por sus víctimas anteriores. A quienes ni piedad les había tenido. Recibió sólo él, los cargos delictivos.
Treinta años más tarde, "el zorro" salió de las celdas en búsqueda de aquella niña de quien se había enamorado. Ahora ya era una señora de cuarenta años y él un anciano setentón ex-preso de buena conducta. Días y noches investigando...y por fin la encontró, le envió un mail.
Lucrecia lo recordó todo. Una mezcla extraña de sensaciones internas la invadieron. Ahora ya grande, se daba cuenta de lo extraña y afortunada de su situación al ser raptada. No supo qué pensar de aquel hombre que no la lastimó, que se arrepintió y qué ella misma lo llevó a la cácel. No fue un ogro, de alguna forma la salvó, le perdonó la vida, su virginidad, su infancia. Pero tampoco era un héroe. Era un hombre enamorado. Un anciano enamorado...
Finalmente se reencontraron...en un hotel, a la medianoche de un día de semana. Él pasó la noche más feliz de su vida...le parecía un sueño. La gente se preguntaba: qué hacía la prestigiosa y atractiva productora de "Mares Azules" con un ex-preso. En un hotel...
Sus pieles finalmente no se encontraron...sólo tuvieron una cálida charla.
Eso bastó para que "el zorro" se sintiera el hombre más feliz del mundo.
Al día siguiente... pudo descansar en paz.
jueves, 30 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
