domingo, 2 de agosto de 2009

Amor propio

El alma transita sin pedir permiso. No se le puede obligar al espíritu sentir algo coherente a lo que se piensa o a la cultura. Muchas veces los sentimientos pueden ser inducidos mediante la simpatía, el buen trato o el mal trato, lazos familiares. Pero otras veces hay cuestiones internas que nada tienen que ver con el trato que se recibe de x persona. El lado místico del ser humano muchas veces es incontrolable y eso es lo difícil de vivir.
Lo fundamental es tener un buen hogar interno. Poder autoabastecerse en situaciones difíciles. No hay que sentirse herido por blasfemias que nos dicen el resto. Cuando el resto nos dice: "no podes" por dentro hay que saber que sí se puede, porque no hay mejor consejo que el propio. Y no hay persona que conozca más a uno que uno mismo.
Principalmente hay que guardarse respeto, compasión, amor, alegría, diversión, estimarse a tal punto de no herir al resto. Una persona autorrealizada puede mover montañas y ayudar al resto. Una persona que realmente se quiere no se siente herido por nada. Y no tiene que buscar revancha. Una persona que realmente se quiere no es ofendida por nadie. Todos tenemos colores en nuestro interior, cuestiones que nos caracterizan y que nosotros mismos lo elegimos, hay que valorar todo lo que tenemos dentro. Y potenciar nuestras capacidades para poder encontrar la felicidad. El amor propio no es egoísta, es generoso. Todo amor es generoso y ayuda a los otros seres humanos.
Cuando no hay estímulo afuera, cuando todo parece oscuro, cuando te quieren tirar abajo, cuando te quieren hechar culpas. Hay que hacer oído sordo...la única persona que puede juzgarse es uno mismo...las palabras del resto sobran. Y uno mismo debe valorarse al máximo y sentirse refugiado con su alma. Que esa sí es una verdadera compañía. A falta de ese amor propio...naturalmente no te sabran tratar.
Toda cualidad vale...todo lo nuestro vale y nadie puede sacarle ese valor. Cuando se está mal, no importa el resto...sólo importa uno...hay que hacer incapié en uno. Cuando se está bien hay que aprovechar las fuerzas para ayudar a las otras personas.

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